Al infierno llegó una nueva alma desnuda y pálida. Lo triste, esta alma apenas pasó 15 años en la tierra hasta que decidió que había vivido lo suficiente y se quitó la vida. Una vez muerto era evidente que se encontraba en el infierno todo era fuego y brasa salpicado llamas que achicharraban su blanca piel, claro que todo esto era ilusorio, en el infierno no hay cuerpo sino alma.
Ante el chico llegó un
ser muy alto y flaco ensañado en juzgarle «¡Joven Schicklgruber por pecados múltiples, resaltando la alusión
al dominio del destino de la vida y muerte estas condenado a la eternidad en
las brasas!». El joven comenzó a suplicar misericordia asegurando que les daría
lo que ellos quisiesen «¡Ya tenemos tu alma ¿Qué más podríamos desear?!» «¡DEBE
HABER ALGO!» replicó el pecador «¡LO QUE TU QUIERAS, DENME OTRA OPORTUNIDAD!»
entonces de las montañas de azufre y huesos, descendió el Príncipe de las
tinieblas interviniendo y con una suave voz dijo «¡Bienaventurado Joven, si hay
algo!» «¡DIME QUE ES, LO HARÉ!» entonces el príncipe de las tinieblas acaricio
las mejillas al joven y le dijo «No me puedes fallar si lo haces lo sabré ¡Y tu
castigo será 7 veces peor!» «No lo haré» «¡¿Qué no harás?!» «No te fallare»
entonces Satanás le dio su misión y en un chasqueo despertó en el hospital. Los
doctores creyeron que era un milagro, aunque fue todo lo contrario.
«Señor ¿Está seguro de lo
que hizo?» preguntó el ente flaco y pálido «Claro que si querido. Dentro de unos
años volverá por donde vino» Y así termina la historia del primer suicidio de
Adolf Hitler.
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