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Carta a las nubes y el suelo.

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 Ayer vi un pájaro que me recordó a ti

Sus plumas eran azules y su pico gris;

Su cansancio de volar era claro

Pero para un último sol estaba feliz.

 

Lo observé darle la vuelta a la manzana

Rozar el horizonte y aterrizar sobre una ventana

Robar unas hojas y unas ramas

y como fue, lo vi volver a su anidada.

 

Lo vi lavarse la cabeza en una pequeña fuente

Después de cazar intensamente

Y alimentar a sus criaturas diligente.

Fue bellísimo, ver que la naturaleza elige poner amor en el gen;

Pero irónico como no se asegura de que los retoños estén bien.

 

¿De qué sirve la bondad entrando a una guillotina?

Ya sé que dirás, “se trata de la voluntad divina”

¿Dios es alguien que crea algo y luego lo arruina?

No, son cosas de la vida mientras se pasa por la salida.

 

Sería raro ver un mundo protegido,

Donde cada pichón tenga asegurado un nido

En su lugar tenemos un mundo de suicidios

Y de médicos que pueden tener descuidos.

 

Con esto no intento ponerte a llorar en el suelo

Pero tampoco puedo darles a los pichones consuelo

Es mi inocente forma de comparar plumas con pelo

Porque lo que me recordó a ti fue ver al ave irse al cielo.

 

No, para mí el cielo nunca será un mejor lugar

Un lugar nunca será mejor sin tu presencia

Reconozco lo crudo y contrastante en mi hablar

Lo que no reconozco es la casa con tu ausencia.

 

La única promesa que cumpliré

Sera la única que no controlo

Y mientras nadie te reemplace

Aprenderé a vivir solo.

 

Qué raro fue lo último que escuche de ti ¿no?

Si, odio pedir perdón en una conversación

Y por eso Dios se burló de mí y me destinó

A jamás poder darte mi miserable perdón.

 

Pero, ayer vi un espejo que me recordó a ti

Se veía cansado, triste y sin ganas de seguir

Y en honor a todas las veces que te mentí

Te amo más ahora que no te puedo sentir.

 

Sabrás, he llegado a odiarte

Con mi corazón y cada una de sus partes

Que están en el piso enterradas

Olvidando que para ayudarte no hice nada.

 

Reconozco que es mi culpa que todo esto sea tu culpa.

 

Y a nadie le llegaría a importar si me rindo y te sigo en tu vuelo

Salvo a mí que tengo que desenterrar algo tuyo y mío que aún está en el suelo.

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